El dolor sobrevuela en el aire, se percibe, se huele y casi que se palpa. No existen palabras, sobran los términos y la racionalidad. Todas esas almas confluyen en un ritual, en un cónclave para homenajear a ese viajero que tanto amor prodigó y que iluminó la vida de cientos.
Gerardo Rozín apagó su luz el viernes 11 de marzo, a los 51 años a causa de un cáncer cerebral, una batalla que ofreció, pero que no pudo superar. Desde ese instante decisivo, y angustiante, el mundo del espectáculo se nubló, aunque con la coincidencia de todos de la calidad humana del rosarino.
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A partir del conocimiento de la enfermedad y el estadío que adquirió el cuadro, el animador fue dejando pistas y sobre todo despedidas de los seres más queridos, para ese círculo íntimo que lo acompañó en las últimas horas, en los instantes finales.
En ese contexto, se filtró una situación ingeniosa, cargada de humor como era su costumbre, de Gerardo para anunciar que se acercaba el adiós. Se refiere a un mensaje que implantó en su perfil de WhatsApp, un código ingenioso para preparar el terreno.
Esta circunstancia la relataron en Mañanísima, el ciclo de Carmen Barbieri, donde Pampito se lanzó a contar sobre Rozín: "Una cosa que dejó y me pareció espectacular fue la foto de su WhatsApp. Es una foto de él en una vidriera que dice ‘Industria rosarina argentina. Cerramos definitivamente’".
La historia se vincula con la postal que se sacó Gerardo, que se apoyó en un local en su ciudad natal y que refería a un desenlace conclusivo. Todo un metamensaje, que describe de cuerpo entero al comunicador, que nunca se alejó del humor.
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